“La crisis política” ha sido una
denominación consecutiva e insistente de nuestra realidad política ya hace más
de un siglo. Una de las expresiones sociales más recurrentes ante las crisis
políticas ha sido la violencia. La ausencia de representación en los organismos
democráticos; el avance institucional de políticas que desintegran el agro, la
salud, la educación, el medio ambiente; la impunidad; la corrupción; el
enfrentamiento entre los poderes públicos; el paramilitarismo y el narcotráfico
al interior del congreso de la república; el conflicto interno armado; entre
otros complejos fenómenos políticos, dejan hondas heridas en la construcción de
nuestra organización política que se han manifestado de facto como multifacéticas
expresiones de violencia social, cultural, étnica y política. ¡Nuestra historia
lo dice a gritos! Ya hemos pasado por aquí…
Nuestra “crisis política”
manifiesta una incongruencia fáctica entre realidad e institucionalidad, la
incongruencia existente entre un poder constituido (jurídico-político) y un
poder constituyente (social y político, de sus eticidades y sujetos colectivos)
que no logra armonizarse. (Mejía Quintana, 2006).
Un consenso real debe partir de
una concepción política de la persona (no antropológica, filosófica, ni metafísica)
y entiende la sociedad como un sistema de cooperación, no es un sistema en
donde se imponen las decisiones “individualistas” a la fuerza. Este consenso
sólo se hace posible a través de un “pluralismo razonable” que conduce a una
democracia constitucional deliberativa o consensual, el tipo de democracia que
desearíamos realizar.
El Pluralismo razonable es lo
único que hoy se impone en sociedades
liberales políticas complejas, es decir, sociedades liberales políticas
consensuales o deliberativas; por tanto, propicia la construcción política desde
las perspectivas de varias minorías, que van a manejar la sociedad
consensualmente, no por imposición de minorías de los votos. Así entonces, la
falta de legitimidad de la que habla Mejía Quintana tiene que ver con la
ausencia de participación por omisión, de algunos sectores sociales interesados
igualmente en la conformación de un nuevo orden político.
Vale la pena entonces, cuestionarnos acerca de nuestras expectativas
y compromisos con esta democracia en construcción y con la institucionalidad
que la sostiene. Vale la pena también reflexionar acerca de replantear las
bases de nuestro sistema político para salir del estado de incongruencia, de
crisis, de violencia, y poder llegar a lo que significa y representa una institucionalidad
democrática con sentido.
Cuando reflexionamos acerca de
nuestro ordenamiento político, y cuando comprendemos más a fondo que de él
depende nuestra permanencia como Estado, que a su vez, integra una cultura
específica con la cual nos identificamos y desde la cual podemos actuar como
ciudadanos libres, pues resulta obvio entonces, trabajar para construirla y
fortalecerla, que paliarla para hacerla caer o permanecer en crisis y correr el
riesgo de desmoronamiento.
Continuamente,
los ciudadanos colombianos nos quejamos de todas las desgracias nacionales y
sentimos inexorablemente que el Estado es un ente ajeno a todas las peripecias
que podamos atravesar en un momento dado. No obstante, ¿el Estado mismo no es
aquél que nos faculta con frecuencia para modificar democrática y
participativamente nuestra realidad?; sencillamente, sí; pero irónicamente sus
brazos son débiles, puesto que es él quien en muchas ocasiones clama por
nosotros para que lo dinamicemos haciendo uso de todas las fórmulas
constitucionales, legales y filosóficas que no fueron creadas como capricho del
legislador, sino como respuesta a las múltiples exigencias sociales que giran
en torno a la paz y a la construcción de un tejido social armónico y coherente.
El cese definitivo de la
violencia es el paso inicial, básico, para poder llegar a un consenso real, es
decir, que la condición por excelencia, necesaria y suficiente para poder
hablar de consenso, es la paz. Y a
partir de ella, entonces, conversar, debatir, consensuar. Es por esta razón que
nuestra situación histórica nos presenta un momento coyuntural sin precedentes, en el que podemos atisbar la
base mínima para llegar a un consenso real y legítimo que incluya todos o la
mayoría de los sujetos colectivos que hacen parte de este proyecto nacional.
El proceso de paz con dos años
de desarrollo y a punto de entrar en su fase conclusiva, nos justifica para
cuestionarnos sobre un nuevo comienzo. Este nuevo comienzo no significa sólo
que estaremos en paz, sin más… implica cambios sustanciales, políticos,
económicos y culturales necesarios para salir del estado de incoherencia entre
realidad social e institucionalidad.
La reflexión y el debate en este
conversatorio sobre la posibilidad de rediseñar consensualmente la estructura
política básica constitucional y legal de esta nación adolorida y resquebrajada
por el autoritarismo y la violencia, tiene justamente como finalidad enriquecer
el debate y propiciar posiciones críticas que promuevan actitudes deliberativas
en torno a la posibilidad de un fenómeno político sin precedentes, que represente
verdaderamente el sentir de una nación de salir adelante, auto organizarse y
permanecer.
Para esto, la universidad es tanto espacio deliberativo, como instrumento
para el desarrollo de la opinión pública y generación de posturas ciudadanas y
de la sociedad civil.
Lo ético, lo justo y lo apremiante, son
exigencias que recaen sobre todo comportamiento ciudadano y se imponen frente a
toda alteración social, incentivando a todas las personas a entender que son
multiplicadores de procesos de un cambio
que se debe asumir de manera responsable,
y cuyo deber no es ajeno a ningún ciudadano colombiano, cualquiera que fuere su
rol en la sociedad.
Queda abierto el debate.
Luz Orali Pinzón Zapata
Manuel Alejandro Yepes Solano
Investigadores grupo de Derecho Público
Universidad La Gran Colombia Armenia
Mejía; Quintana, Oscar. La justificación constitucional de la desobediencia civil. (2003). Revista de estudios sociales Universidad de los Andes, (No 14). Recuperado desde http://res.uniandes.edu.co/ view.php/290/index.php?id=290
Mejía; Quintana, Oscar. Seminario de Teoría Política Contemporánea. [en línea]: video. FacDeryCienPol. Publicado el 08/04/2013. [fecha de consulta:05/10/2014]. Disponib le en: www.youtube.com/watch?v= MjHeUs8LL3M





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